La ciudad de Xian

Xian es, para quien hace una pequeña ruta en China y visita las ciudades de Pekín y Shanghai, el tercer destino habitual. Hay que decir que, por una parte, es una muy buena opción: aparte de los impresionantes guerreros de terracota, se puede vivir el ambiente de una ciudad importante, pero más pequeña que las dos grandes del país donde se puede percibir quizá un poco mejor lo que esperamos de China al viajar allí. Pero hay que tener en cuenta que las distancias en China son enormes y que un viaje a Xian representa, en ambos casos, recorrer más de mil kilómetros y muchas horas de transporte público -o un par de ellas en avión-.

La impresión de quienes he conocido que han estado allí es muy diversa. Algunos se sienten tremendamente satisfechos de la visita y de estar ante una maravilla artística como los guerreros o de pasear por el barrio musulman de la ciudad, con su personalidad propia. Sin embargo, otras personas me han comentado que los viajes les resultaron demasiado caros o largos como para lo que finalmente había en la ciudad y se mostraban decepcionados por los pocos guerreros de terracota que estaban en perfectas condiciones. Yo, personalmente, no me implico en la discusión. Mi viaje a Xian, una ciudad en la que con día y medio se puede aprovechar bien, fue lo suficientemente interesante como para no sentirme decepcionado; pero también lo suficientemente largo y lejano como para pensar que podría ser una visita prescindible. Mi recomendación es que depende de las ganas que se tengan de aventura y hacer kilómetros. De todo se aprende y se disfruta, pero igual el cansancio es demasiado para lo que espera en Xian.

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Los guerreros de terracota

La atracción excepcional de Xian es el ejército de guerreros de terracota. No está ubicada en la misma ciudad, sino a unos 30 kilómetros de la misma. El acceso no es malo y, para quien quiera desplazarse en autobús, cada pocos minutos sale el autobús número 306 desde la estación de ferrocarril. Tampoco es raro reservar un taxi para el trayecto, que no sale caro y permite visitar también otras tumbas cercanas, que se suelen dejar de lado si no se tiene transporte con el que acceder a ellas.

Como os podéis imaginar, el recinto donde están los guerreros de terracota y sus alrededores son enormemente turisticos, por los que están siempre llenos de personas y diversos vendedores de comida, bebidas y recuerdos. No le gustará a quien odie las aglomeraciones, pero hay que sacrificarse para verlos.

Entre las primeras cosas que llaman la atención está el entorno natural, rodeado de montañas y colinas con abundante vegetación. Desde la puerta de entrada al complejo del recinto a la zona de los guerreros propiamente dichos hay como unos 10 minutos andando, que quien quiera pueda ahorrarse cogiendo un carrito eléctrico que hace el trayecto. Realmente, el paseo no es tan duro ni tan largo como para que sea necesario utilizar este medio de transporte, pero eso ya depende de cada uno.

Hay bastantes guías que se ofrecen a la entrada. Personalmente, y después de haber visto lo que hay dentro, no sé hasta qué punto pueden ser útiles a quien no quiera entrar en el detalle sobre vestimentas o jerarquías de los soldados. Quien no tenga especial pasión por el detalle, entre el vídeo introductorio y lo que se pueda leer de contexto en alguna guía, podrá hacerse una idea de qué era aquello. Las estatuas ya son lo suficientemente elocuentes de por sí. La audioguía tampoco merece mucho la pena, aunque por 40 yuanes tampoco es demasiado cara.

En el recinto donde están los guerreros hay cinco edificios principales: los tres que albergan las tres fosas abiertas, una sala de vídeo y un museo. Resulta muy interesante comenzar la visita por la sala de vídeo, que es circular y proyecta una película introductoria muy interesante para empezar la visita.

De allí, el recorrido suele empezar por la primera sala, la más grande e impresionante, con más de 200 metros de longitud, donde se acumulan la mayor parte de los guerreros recuperados hasta ahora. Los guerreros aparecen ordenados en formación y separados por filas delimitadas por fosos. Los fosos tienen una longitud bastante grande, pero, desgraciadamente, las filas de guerreros ocupan sólo los primeros metros de las mismas, ya que,a medida que se va avanzando en las fosas aparecen guerreros rotos o, simplemente, fragmentos de lo que queda. Hay mucha gente que queda decepcionada al ver que en los fosos no suele haber más de cuarenta o cincuenta guerreros enteros, pero los que quedan están en muy buenas condiciones y son impresionantes de ver. A mitad de la primera nave hay una zona en la que aún se realizan excavaciones en busca de nuevos restos, por lo que se puede ver en vivo el trabajo de los arqueólogos. La última parte es una zona de tierra llana donde se han llevado guerreros en muy buenas condiciones para que el público pueda verlos más de cerca -los fosos se ven sólo desde unas barandillas a cierta distancia, pero aquí se pueden ver los guerreros y caballos un poco más cerca y con más detalle.

La segunda fosa es, probablemente, la menos llamativa de las tres, ya que no hay prácticamente restos de figuras íntegras. Sin embargo, merecen mucho la pena las vitrinas que guarda en uno de sus laterales, donde se exponen figuras como arqueros o capitanes que no se pueden ver en la nave central.

Finalmente, la tercera nave es más pequeña y recogida, pero bastante notable, ya que es en la que se cree que estaban el llamado puesto de mando, con las figuras de mayor rango del ejército de terracota.

Finalmente, en el museo se pueden contemplar restos, adornos y peculiaridades obtenidas de los fosos, además de alguna exposición temporal que pueda haber puntualmente.

La ciudad de Xian

Xian es la ciudad más importante de la región de Shaanxi, aunque no llega al tamaño o el nivel de población de las grandes metrópolis chinas. Sea como sea, es una ciudad grande y las distancias entre los puntos de interés también lo son. El modo más práctico de moverse por la ciudad es con taxis, bastante baratos, por otra parte.

Entre los puntos de interés principales de la ciudad destacan las dos pagodas- la del Gran Ganso y el Pequeño Ganso- el Barrio Musulmán, las Torres de la Campana y el Reloj, la Mezquita y la muralla.

La Pagoda del Gran Ganso es, probablemente, la construcción más pintoresca de Xian. Está bastante al sur de la ciudad y alejada de otros puntos de interés, por lo que lo más cómodo para llegar hasta allí es tomar un taxi. La verdad es que es un sitio tremendamente turístico pero, a la vez, muy agradable. La pagoda está rodeada por un templo budista con un jardín muy tranquilo, que contrasta un poco con el jaleo de vendedores de recuerdos y puestos turísticos que hay en el exterior.

Para entrar a la pagoda, hay que pagar dos veces: primero al entrar al templo en el que está situada y, posteriormente, para subir a la pagoda propiamente dicha. La pagoda, en sí, es mucho más bonita desde fuera que desde dentro. Dentro son básicamente tramos de escaleras y ventanas desde las que ver la ciudad que, al estar lejos de la parte histórica, tampoco ofrecen unas vistas especialmente llamativas, aunque sí permiten ver el desarrollo y el enorme número de construcciones que se están creando al sur de la ciudad. Personalmente, me quedo con el templo más que con la pagoda, pero todo depende de los gustos.

Algo más cerca del centro, pero todavía fuera de la parte histórica, está la Pagoda del Pequeño Ganso, que es algo más pequeña que la otra, pero también ofrece una panorámica aérea de la ciudad. Si no se tiene mucho tiempo, es prescindible.

En la zona antigua de la ciudad -dentro de los límites de la Muralla, excepcionalmente cuidada y restaurada y sobre la que se puede pasear tranquilamente-, destaca la zona cercana al Barrio Musulmán.

Se puede comenzar el recorrido por las Torres de la Campana y el Tambor, que servían para marcar las diferentes horas del día en la antigüedad. Los edificios, por fuera, llaman la atención por su tipismo y por estar enclavados en una zona muy comercial, con el contraste que supone antigüedad y modernidad a la vez. La Torre de la Campana, por ejemplo, está en el centro de una rotonda con mucho tráfico y se accede a ella por un paso de peatones subterráneo.La Torre del Tambor, a pocos metros, está algo más mezclada con la parte antigua de la ciudad, pero tampoco es la zona más tradicional del mundo. Hay varias exhibiciones al día de cómo se tocaban los tambores.

A pocos metros comienza el laberinto de calles del llamado Barrio Musulmán, llamado así por la mayoría de población de religión islámica de la zona y que parece, en muchos de sus rincones, más sacado de un país árabe que de China. Hay mucho ruido, muchas motocicletas y pqueños vehículos circulando y mucha vida en la calle, especialmente gracias a restaurantes típicos de barrio con especialidades de fideos, vendedores callejeros y carnicerías no muy agradables para los más escrupulosos, donde la carne se vende sin más precaución que una tira que gira sobre ella en espiral espantando a los mosquitos.

El barrio musulmán es un recorrido muy agradable para llevarse una impresión de etnicidad que en las zonas más comerciales y modernas de la ciudad de Xian no es fácil llevarse, pero puede agobiar a quien no le gusten demasiado los espacios sucios, con mucho movimiento de gente. Quien no tenga reparos en comer allí -y pueda entenderse con los dependientes de las tiendas de comida- puede tener un almuerzo muy típico por muy poco dinero. No osbtante, siempre hay vendedores callejeros con bollos y panes con ingredientes mucho más definibles.

Dentro del barrio musulmán está situada la Mezquita, que es un buen ejemplo de contraste entre culturas. Quien haya visitado la Ciudad Prohibida o el Templo de los Lamas, en Pekín, verá una estructura repetida con pequeños edificios y muchos patios entre ellos. Aquí ocurre lo mismo, con la diferencia de que edificios y decoración típicamente china se emplean para atender las tradiciones y requisitos del culto musulmán. Así, por ejemplo, el minarete desde el que se llama a la oración es una pequeña pagoda. Se puede pasear por el recinto con muchísima tranquilidad, siempre que no se molesten los rezos. El último edificio, lo que es la mezquita propiamente dicha, tiene por fuera una estructura típicamente china -sólo rota por algunos caracteres árabes grabados-, pero en el interior aparecen las alfombras para rezos y la estructura típica de las mezquitas. No se puede acceder a esta zona de culto, pero las puertas quedan constantemente abiertas, con lo que se puede apreciar el interior de la misma.

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